Cuando el poder se muestra sin gritar
La Casa Blanca difundió un video que no busca únicamente informar, sino construir un relato
de poder. El material contrasta dos momentos: declaraciones públicas de Nicolás Maduro y,
posteriormente, su detención y extracción por fuerzas estadounidenses. El montaje no es
casual. Es narrativo.
En la primera parte, el discurso aparece como siempre: Maduro sobreactuado, enfático y
provocador. En la segunda, el lenguaje cambia por completo. Maduro es mostrado con
antifaz y audífonos. No se trata solo de un detalle operativo: es aislamiento sensorial. La
reducción de estímulos visuales y auditivos coloca al detenido en una condición de
vulnerabilidad psicológica y dependencia absoluta de quienes lo custodian.
La imagen es poderosa porque no necesita subrayarse. Un líder que ejercía autoridad pasa a
una posición de control total por parte de otro Estado. El mensaje no se verbaliza: se
observa, y es contundente.
En las tomas se distinguen las siglas de la DEA en la vestimenta de un agente. Ese encuadre
cumple una función clave: institucionaliza la acción. No es improvisación ni exceso; es
procedimiento legal.
Otro elemento cuidadosamente incluido es la botella de agua que Maduro sostiene al salir. El
gesto comunica respeto a necesidades básicas y apego a protocolos humanitarios. Incluso
en la demostración de fuerza, se cuida la forma. El poder no aparece como abuso, sino como
control regulado.
El cierre del video es igualmente significativo. Marco Rubio aparece hablando en tono sereno,
sin estridencia, desplazando el protagonismo hacia Donald Trump. La escena no busca
intimidar; busca afirmar autoridad. El subtexto es claro: este liderazgo no se basa en halagos
ni advertencias vacías. Cuando se dice algo, se ejecuta.
Más tarde se muestra otro video de Maduro caminando, ya cambiado de atuendo, en el que
dice “feliz año nuevo”. La calma que proyecta es la de quien sabe que tiene una salida
pactada.
El poder más efectivo no humilla ni explica: reencuadra. Este video no es propaganda; es una
lección de control simbólico. El mensaje es claro: quien grita pierde autoridad; quien actúa, la
ejerce. Lo demás es ruido.
publicado en @opinion51

