Maru Campos: La Sonrisa en Medio de la Tormenta

Marco Aurelio, el emperador filósofo, escribió en sus Meditaciones que la sinceridad no se puede esconder, que se nota en la mirada. En las clases de oratoria nos enseñan algo parecido: antes de empezar a hablar, procura que en tu cara pueda leerse la emoción que quieres transmitir.

Pensé en eso al ver a la gobernadora Maru Campos. “Fue una reunión muy tensa”, dijo con una gran sonrisa sobre su encuentro con la presidenta Claudia Sheinbaum en el aeropuerto de Ciudad Juárez. La presidenta, en cambio, en un tono mucho más institucional, lo confirmó desde Palacio Nacional: “Levantamos la voz en algún momento, sí, las dos”.

Lo que pasó a puerta cerrada no lo sabemos. Lo que sí vimos fue cómo lo contó la gobernadora en sus entrevistas con Ciro Gómez Leyva y Carlos Loret de Mola, y fue sorprendente la incongruencia entre lo que decía y lo que expresaba su cuerpo.

Maru Campos habla de Maru Campos

Ciro le preguntó por qué decidió hacer pública la conversación con la presidenta. Al responder, al menos cuatro veces habló de sí misma en tercera persona: “Hay una gobernadora que se encarga de gobernar…”, “Este gobierno que encabeza la gobernadora Maru Campos está hecho para ser humanista…”.

Esto tiene nombre: ileísmo. Mi impresión es que la gobernadora trataba de darse valor. El psicólogo Ethan Kross, de la Universidad de Michigan, ha estudiado que hablarnos en tercera persona ayuda a calmar la ansiedad: al tomar distancia, nos damos ánimo con más calma y sensatez, como lo haríamos con un amigo.

Deja de hablar la persona y habla el cargo. No es Maru la que se pelea, es “la gobernadora que da medicamentos”. Eso protege, pero también enfría. Cuando hablas de ti en tercera persona, pones distancia. Cuando dices “yo pienso” o “yo decidí”, te haces responsable, y eso siempre tiene más fuerza.

Las manos hablan

Durante buena parte de la entrevista con Ciro, la gobernadora mantuvo las manos unidas, casi atadas, sobre la mesa. Así dijo “la presidenta sabe que yo no estaba enterada de ese operativo”. Y cuando Ciro puso el video en el que Sheinbaum asegura que ella fue a acusar al exfiscal, los dedos se apretaron todavía más.

Las manos hablan de nuestro estado emocional. Cuando se sujetan entre sí, suelen leerse como un gesto de autocontención. Y cuando los dedos se aprietan, la tensión está ahí, aunque con las palabras y la sonrisa se trate de decir otra cosa.

Hubo otros momentos. Cuando habló de “este gobierno que encabeza la gobernadora Maru Campos”, levantó el índice hacia arriba y lo movía rítmicamente mientras hablaba. Es un gesto de autoridad, con el que trata de imponerse. Y cuando dijo que hay que usar “las herramientas legítimas, como el voto”, juntó las yemas de los dedos en pinza, el gesto de la precisión: “estoy hablando exactamente de esto”.

La risa que no cuadra

Con Ciro, cuando le mostró el video en el que la presidenta asegura que ella fue a acusar al exfiscal, la gobernadora respondió primero con una gran sonrisa.

Con Loret fue todavía más evidente. Cuando le preguntó si había habido un pacto con la presidenta, sonrió ampliamente y dijo: “¡Qué pasóoo! ¡Qué relajo toda la semana!”. Cuando le preguntó si se habían levantado la voz, respondió con una sonrisa traviesa: “Sí, nos levantamos la voz”. Y cuando Loret mencionó que habían sido de ocho a diez minutos de gritos, se rió ampliamente.

Las palabras hablan de gritos, traición y crimen organizado, pero, si bajamos el volumen y solo miramos la cara, parece que describe una fiesta.

¿Es estrés o es querer agradar? Puede ser cualquiera de las dos. Un estudio de Tara Kraft y Sarah Pressman (Universidad de Kansas, 2012) encontró que sonreír durante una tarea estresante ayuda a que el corazón se recupere más rápido. Pero también hay sonrisas que buscan agradar o quitarle peso a lo que se dice.

Sea cual sea la razón, la sonrisa está fuera de lugar. En un conflicto con un operativo de por medio, dos muertos, señalamientos de traición a la patria y acusaciones de narcotráfico, la risa no transmite control. Transmite ligereza.

Solo hubo un momento en que la sonrisa desapareció por completo: “Diecinueve veces me nombraron en la mañanera por traición a la patria”. Ahí la cara cambió. Quizá ahí está lo que de verdad le duele.

¿Por qué la gira en medios?

Un mandatario en crisis necesita llegar con tres cosas claras: qué quiere decir, cómo lo va a sostener y qué emoción quiere transmitir. A Maru Campos le faltó claridad en las tres.

Lo que más se notó fue la falta de rumbo. En unos minutos habló de la reunión con la presidenta, del exfiscal, de las elecciones de 2027, de Ariadna Montiel, de la alcaldesa, de la inseguridad, de los pozos de agua, del gusano barrenador y de la gente que se muere de hambre en la Sierra Tarahumara.

Cuando no tienes claro tu mensaje, divagas. Y cuando divagas, el cuerpo lo resiente: las manos se aprietan, la sonrisa aparece donde no toca y la tercera persona se vuelve un refugio.

Salvando las distancias

No se trata de comparar crisis, sino de ver cómo se comunica con el cuerpo cuando hay presión.

Mark Carney mostró esa congruencia en mayo de 2025. Cuando Trump insistió en convertir a Canadá en el estado 51, respondió con el rostro serio que hay lugares que nunca están en venta.

María Corina Machado ha atravesado todas las emociones de una crisis, y su cuerpo siempre las ha acompañado: fuerza en sus años de lucha, dolor en la clandestinidad y alegría en Oslo, con la mano en el pecho, cantando el himno de su país. El domingo 25 de octubre volvió a Venezuela vestida de blanco, sonriendo y abrazando a la gente. Ahí la sonrisa sí tenía sentido.

La diferencia no está en sonreír o no sonreír. Está en la congruencia entre lo que se dice y lo que se muestra.

“A mí sí me enseñaron a defenderme”, dijo Maru Campos. Pero defenderse no es lanzar golpes a todos lados. Para defenderse se necesita estrategia, y eso fue lo que le faltó.

Escrito por Bárbara Tijerina para la Aurora de México

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